Luces, procesadores y un haiku

marzo 31st, 2021

In memoriam

Bernat R. Sbert

(1999-2020)

El pasado domingo 21 de Marzo se puso en marcha el modelo de señalización marítima del puerto mahonés que describió mi nieto en estas páginas el 7 de Agosto de 2019. Bernat por desgracia no pudo terminar su proyecto, recogieron su antorcha con la intermediación de José Mª, el profesor Ramón Reynés y sus alumnos Guillermo, Jesús, Jordi y Kevin, con una ilusión y dedicación para las que no tengo palabras de agradecimiento suficientes.

Pero la realización del modelo ha contado con la participación igualmente ilusionada de voluntarios de la Isla del Rey que con el mismo sentimiento quiero mencionar aquí: Pepe, con sus ideas fruto de un conocimiento y de una experiencia práctica de todo punto necesarias en un trabajo del que no teníamos nadie precedentes de referencia, Paco «de Lô» con su pericia en la preparación con los grandes paneles de soporte de la gran foto satelital del puerto, Diego soldando los soportes de acero inoxidable imprescindibles para soportar este montaje de 6m de largo por 2,5m de alto, Pedro y Vicente con la instalación eléctrica, José y Toni con su disponibilidad para el transporte, y tantos más.

En la retaguardia han actuado con sus potentes medios tecnográficos Kike Sastre, utilizando fotos satelitales proporcionadas desinteresadamente por Silme y por José Barthélemy de la APB, quien además aportó las características de las 38 señales existentes, y sin olvidar la Brigada de Obras del ayuntamiento d’Es Castell que nos permitió trabajar en su taller del Polígono. A todos ellos mi agradecimiento más sincero.

Luces pues, muchas y no sólo técnicas, y por supuesto un trabajo de control de procesos con circuitos integrados, circuitería electrónica fabricada en China y programación ad hoc que hay que destacar también, por ser fundamental para el proyecto. Asimismo, citar como elemento peculiar el haz direccional que está instalado en la azotea de la casa Venecia en medio del puerto que, como todos los patrones y capitanes saben, indica con precisión el rumbo a tomar una vez han salvado el paso entre las boyas interiores de la boca del puerto. Se trata de una señal amortiguada, con un período de 3 segundos, que en el modelo se aloja en una cápsula que el profesor Reynés fabricó con una impresora 3D. Me atrevo a decir que es la primera pieza de esta tecnología visible en la Isla del Rey.

Como podéis ver, un abanico amplísimo de colaboración que se enmarca dentro del ambiente de trabajo de esta obra inmensa que constituye dotar de cuerpo y de alma de nuevo a esta isla increíble que durante tantos años estuvo olvidada y casi desdeñada en medio del gran puerto de Menorca.

Y la anécdota que me permitiréis ahora es la de mi muy querido nieto, quien en un momento determinado del proyecto me dijo que en las placas de circuito impreso había sitio para un haiku… Yo sabía tanto de haikus como de biología de las anémonas, pero ya me tenéis buscando en la red qué demonios era un haiku… y componiendo uno en cuanto supe que era una corta estrofa propia de la poesía japonesa. Y ahí está por quintuplicado, una copia en cada controlador.

Podéis comprender que no oso reproducirlo aquí, por modestia comprensible, pero estoy dispuesto a enseñároslo cuando nos visitéis.

Oscar Sbert Lozano

Ingeniero Industrial

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Lángara

marzo 19th, 2021

Sabido es que el próximo 17 de julio se inaugurará D. M. en la Isla del Rey, el Centro de Arte Contemporáneo Hauser & Wirth Menorca.

Sin duda y conocida ya por todos, es una muy buena noticia, dado que esta firma es conocida mundialmente por ser una de las primeras del ranking mundial dedicadas a esta modalidad de Arte.

El espacio expositivo, con más de 1500 metros cuadrados (sin contar los servicios complementarios: cantina, servicios, aseos, etc.), se ubica en el que la Fundación Hospital de la Isla del Rey, viene denominando “Edifico Lángara”.

Isla del rey año 1935

Este edificio – a modo de barracón – fue construido en 1784, en la época en que Menorca era española (entre la segunda y la tercera dominación inglesa), tiene 120 metros de longitud, por 14 de ancho.

Fue construido en dos fases, perfectamente visibles y diferenciadas, dado que el extremo norte tiene sus vigas de hierro, mientas que la zona sur y con techado a distinta altura, las vigas son de madera.

El nombre con el que denominamos “Lángara” a esta construcción, se debe a que se construyó para alojar a una parte de los componentes de la escuadra española, al mando del Teniente General. D. Juan de Lángara, que se “reagrupó” en el Puerto de Mahón, antes de salir para la conquista de Tolón en 1793.

Escuadra Almirante Lángara-propiedad del Museo Militar de Menorca

Dicha escuadra estaba formada por 46 buques de distinto porte (24 Navíos, 16 Fragatas, 2 Corbetas y 4 Bergantines), totalizando 2544 piezas de artillería (cañones).

Entre el personal para el gobierno de los buques, (tripulación) y el personal de guerra (guarnición), totalizaban 19123 hombres.

Naturalmente, en esta cifra se incluye a los Oficiales de Guerra (Brigadieres, Capitanes, Tenientes y Alféreces de Navío y de Fragata) y a los Oficiales Mayores (Cirujanos, Capellanes, Contadores, Pilotos, Pilotines, etc.), según se detalla para cada tipo de Buque y según su “porte”, en el Reglamento General de las guarniciones y tripulaciones con que ha resuelto el Rey se armen en adelante los Buques de su Real Armada, tanto en tiempo de Paz como de Guerra, con proporción a sus portes, y calibres de la Artillería que montan.

Considere el lector la importancia que suponía en aquellos momentos para la población y la economía de Menorca – en cuanto a provisiones, suministros y servicios a ofrecer se refiere – el hecho de añadir casi 20000 miembros de la escuadra, a los 30000 habitantes que tenia la Isla en esa época.

Dado que la Isla del Rey, según el actual PTI, tiene una calificación de “alto nivel de protección y teniendo en cuenta el interés con el que los miembros de la Fundación Hospital de la Isla del Rey queremos mantener e incrementar si es posible, la población de la Podarcis Lilfordi Baleárica (la “sargantana” autóctona), dado que es una subespecie única, y aún considerando que en otras épocas hubo una presencia humana muy considerable – entre otros, los enfermos (como apoyo al Lazareto) de la epidemia de fiebre amarilla en 1821, además de los mas de 3000 hospitalizados procedentes de la conquista de Argel en 1830 etc. – nos interesó estudiar, analizar e investigar la realidad del momento para poder averiguar la “presión humana” que hubo en la isla del Rey en 1793, cuando la escuadra española vino a hibernar en nuestro Puerto, dado que era evidente que para tratar y atender (y no solo curar) a los hospitalizados en la isla era necesario disponer de un buen jardín de plantas medicinales, huerta, ganado, aves de corral, animales domésticos, etc.

En las investigaciones que hemos llevado a cabo, con el fin de documentar fehacientemente el origen, utilidad, motivación y destino que tenia cada uno de los espacios y edificios de la Isla del Rey, una vez descartada la posibilidad de que el edificio Lángara hubiese podido acoger a todos los miembros de la escuadra (casi 20000 hombres, iniciamos un estudio considerando que “solamente” se hubiesen alojado en el mismo, el personal de guarnición (infantes y artilleros), dando por sentado que el resto (tripulación) podrían haber permanecido a bordo de sus buques.

No obstante, y aun así, serian 8781 los alojados en el edificio de referencia, cifra muy improbable, a pesar del considerable espacio (mas de 1500 m2) de que disponía el edificio en cuestión.

Por lo que, una vez debatido el tema y contrastadas otras opiniones, el Comandante de la Base Naval de Mahón el CF D. Guillermo Coll, nos sugirió la posibilidad de que probablemente, visto el elevado numero de enfermos que habitualmente en esa época llevaban a bordo los buques, era posible que el edificio Lángara se hubiese construido para alojar a los enfermos (y también heridos) de los buques, dada su proximidad al Hospital que ya había en la Isla del Rey, con el fin de poder garantizar su correcta atención. Evidentemente, esta es la nueva línea de investigación que seguimos actualmente.

Debe tenerse en cuenta la escasez de determinados alimentos (especialmente de carne), que se padecía en la isla, lo cual afectaba a la salud.

Dando por supuesto que si de alojarse solamente se tratara, podrían haber construido un edificio ex profeso en la orilla norte del Puerto, próxima a la misma Base Naval.

Ahora intentamos dilucidar cuantos hombres estuvieron simultáneamente en la isla, considerando que no todos los buques llegaron al Puerto de Mahón al mismo tiempo. Algunos procedían de Cádiz y mas tarde llegaron otros procedentes de Cartagena. Algunos llegaron a Mahón pocos días antes de zarpar para la conquista de Tolón.

José Maria Cardona-Natta

Ingeniero Técnico Industrial

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Espadas históricas navales

marzo 7th, 2021

Recientemente La isla del Rey recibió unas espadas, donadas por Graham Capel, un socio del Nelson Society y del 1805 Club, especialistas en la historia georgiana del Reino Unido. Al final de los años 60 Sr. Capel, junto con Sr. Ian Warren BEM, construyo el bar Golden Eye en el acantilado de Cala´n Porter.

Estas espadas no fueron identificadas correctamente así que, después de una larga y laboriosa búsqueda en varios libros e Internet, creo que he conseguido las historias de estos tesoros. Fue un viaje interesante a través del tiempo para descubrir donde y cuando las espadas se usaron o estaban expuestas. Uno no se da cuenta de cuantas variaciones hay y las países diferentes quienes fabricaban o copiaban las mismas.

Habiendo construido una vitrina con el ayuda de un amigo carpintero, Mark, ahora están expuestas en el sala Británica.

Mirando la vitrina y empezando desde arriba, la primera espada es un alfanje. Fue una espada usada en abordajes y en combate, favorecida tanto por piratas como marineros ya que, con su forma curvada, era de fácil manejo y se podría llevar en el cinturón. Fue fabricada en India y es una <<Talwar>> india tradicional.

La siguiente es un <<Firangi>>, significa extranjero, también fabricada en India. Alrededor de unos 30% de espadas de combate se fabricaban en aquel País. Es una espada grande y obviamente usada. La empuñadura esta extendida para poderlo usar con ambos manos a la vez, una practica común tratándose de espadas grandes y pesadas.

La tercera es una espada típica de combate y fue usada hacia el final del Siglo 18, posiblemente 1794. Muy favorecidas por Capitanes y Tenientes, se conocía por ‘colgador curvada’.

La próxima es la verdadera <<joya de la corona>>. Es el mismo tipo usado por el Vicealmirante Lord Horatio Nelson, quien seguramente llevaba una cuando vino a Menorca en 1799; una espada de vestir usado por los oficiales superiores de Marina y fabricado por el herrero Richard Teede de The Strand en Londres, bien conocido por producir copias. Tiene la típica <<empuñadura de 5 bolas>> con adornos dorados, incluyendo el pomo en forma de cojín, la empuñadura de hueso lleva una chapa dorada grabada con un ancla enredado y una corona. En 1806 un maniquí del Vicealmirante Nelson se exhibió en la Abadía de Westminster, luciendo una espada replica; su espada personal había sido puesto junto a él en su ataúd. Esta espada es seguramente, una copia pero, a pesar de esto, no deja de ser un trabajo bello.

Seguidamente, tenemos la espada de un oficial de infantería victoriana, probablemente de hacia el año 1845. Este modelo fue de gala pero seria usado como espada de lucha si fuera necesario. Es similar a las espadas empleadas por los Granaderos Británicos del mismo periodo que llevaban una vaina niquelada con puntera; boquilla y dos anillos para las correas de suspensión.

La sexta es una <<Rapier>> o, dándole su nombre correcto en castellano, Espada Ropera, hecha por herreros españoles o bien, ingleses. Estas espadas se fabricaban para luchar mano a mano, de esto la guardamano característico. Fueron populares durante los siglos 16 y 17.

Finalmente hay otra Espada Ropera. Una espada fina y ligera, más bien para duelos, sin duda fue usado para otros propósitos. Dado su estilo refinado, es seguramente de fabricación española.

Es difícil ponerles fecha a muchas espadas ya que pueden no llevan marcas distintivas y hay muchas copias o falsificaciones hechas para conseguir grandes beneficios, cosa muy común durante la época Victoriana.

David Nuttal

Fontanero jubilado

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Barras y Estrellas en la Isla del Rey

febrero 21st, 2021

Con frecuencia, una nueva incorporación de objetos al antiguo hospital militar provoca interrogantes en quienes los acogen y acondicionan para poder ser expuestos de forma coherente. En esta ocasión, al debate han dado lugar dos banderas de los EE.UU. que un destacado donante de esa procedencia (un contra-almirante de la marina retirado) ha donado para ser expuestas en la sala correspondiente, sala que documentará la presencia de la flota norteamericana, es decir, de su «Mediterranean Squadron», en nuestro puerto, a lo largo de la primera mitad del siglo XIX.

Que no sean iguales y obviamente distintas a la bandera de los Estados Unidos que todos tenemos en mente es la primera sorpresa, con lo que las consultas a la red para averiguar el trasfondo de la cuestión han echado humo. Una de ellas tiene quince estrellas blancas en fondo azul y quince barras alternativamente rojas y blancas, eso sí, todo ello en la disposición habitual. La otra en cambio tiene treinta y tres estrellas y trece barras, número de barras que se verifica ser el de la bandera actual.

De todo ello hemos concluído que curiosamente la bandera de los EE.UU. tiene su origen en la bandera colonial de la Compañía británica de las Indias orientales, como puede apreciarse en las imágenes. Se sabe que Franklin lo sugirió a Washington, alegando que de hecho las colonias que querían independizarse ya contaban con una bandera propia.

1. Bandera de la Compañía de las Indias orientales

2. Bandera adoptada para los EE.UU. en 1777, diseño de Francis Hopkinson

Fue el Segundo Congreso continental el que aprobó la pertinente Resolución sobre la Bandera el 14 de junio de 1777, con un diseño que fue modificado por primera vez en 1795, añadiendo dos estrellas y dos barras (roja y blanca) para significar la incorporación de los estados de Vermont y Kentucky.

Esta es una de las banderas que han llegado a la Isla de Rey y precisamente una como esta, ondeando durante el ataque británico a Fort McHenry en 1812, fue la inspiración para la letra del himno de los EE.UU., tan magníficamente interpretado por Lady Gaga durante la toma de posesión del presidente Biden. Históricamente, esta bandera ondeó durante la presidencia de George Washington y es la que debieron de exhibir las naves del «Mediterranean Squadron» al principio de su presencia en nuestro puerto.

3. La única bandera con 15 estrellas y 15 barras

4. La bandera con 33 estrellas

La segunda bandera es una curiosidad entre varias, puesto que se han ido añadiendo tantas estrellas a la bandera cuantos nuevos estados se han incorporado a la Unión. Y ya sin variar el número original de trece barras, siete rojas y seis blancas. La versión de treinta y tres estrellas sería la que ondeaba en las naves americanas cuando terminó la existencia del «Mediterranean Squadron» como tal, a mediados del siglo XIX, y corresponde a la presidencia de Abraham Lincoln.

Oscar Sbert Lozano

Ingeniero Industrial

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¿Qué hace un agrónomo como tu en una traducción como esta?

enero 21st, 2021

Los que llevamos tiempo en el voluntariado de s’Illa del Rei, sabemos muy bien lo que significa y cuales son las consecuencias de una propuesta de colaboración sugerida por el presidente de la Fundación.

Escribo estas líneas con todo el cariño y el respeto que hemos desarrollado entre nosotros, en estos años de estrecha colaboración en la tarea de llevar a buen puerto la recuperación del hospital naval construido por los ingleses en 1711. Una joya arquitectónica y una parte fundamental de la historia de Menorca, en todo caso de la historia moderna de la isla.

Se ha escrito mucho sobre la génesis de este proyecto de restauración y de cómo un reducido y muy heterogéneo grupo de personas, de lo que ahora a menudo se llama sociedad civil, ha podido hacer para vencer la desidia de sucesivas administraciones pasadas y ofrecer a los menorquines y a sus visitantes, un lugar que permita hacer un recorrido por los últimos 14 o 15 siglos de nuestra historia. Es también una historia de liderazgo muy especial y, a veces, debatido.

La pandemia provoca a menudo en las personas, entre muchas otras cosas positivas, un ansia de colaboración y un número de horas a disposición para trabajos que de otra forma nunca encuentran el tiempo para ser llevados a cabo.

Dentro del impresionante legado del doctor Juan Camps, contemporáneo de Mateu Orfila, recibimos un tratado de oftalmología del siglo XVIII, firmado por un tal John Taylor, desconocido para muchos de nosotros, pero que era el oftalmólogo del Rey Jorge II.

Como parte de las actividades de la Fundación, alguien propuso que seria interesante la tarea de traducir esta obra. Como se suele ser el caso entre los voluntarios, se encontraron tras algunas rondas, los suficientes para iniciar el trabajo.

Y como acostumbramos a hacer en s’Illa del Rei, nos distribuimos el trabajo y nos lanzamos a ello con toda la energía de la que somos capaces.

Pocos meses después y tras 23 capítulos de esta obra, descubriamos a un charlatán oftalmólogo ingles, o como se llamara en esa época, en la que los conocimientos en este campo eran limitados, que escribía en un inglés antiguo, con grafía algo diferente de la actual y que describía operaciones y tratamientos que realizaba “in vivo” o sea a lo bestia en sus pacientes. Tras cada operación se recreaba en auto alabanzas, alimentando así su inmenso ego.

Descubríamos también -gracias Internet- que había tenido una cierta fama en Europa y que había tratado a gente de alta alcurnia, algunos de los cuales quedaron algo afectados por sus operaciones. Bach y Händel fueron algunos de los más famosos a los que dejo ciegos intentando eliminar unas cataratas.

Era también un nómada itinerante que se movía por Europa, no como los que ahora gracias a Internet y el teletrabajo, pueden acomodarse a lugares lejanos a su sede física de trabajo, sino que para evitar los problemas del “día después” de sus operaciones, normalmente importantes. Así evitaba las reclamaciones y dejaba la responsabilidad en otras manos, a las que siempre podía culpar del mal seguimiento de la recuperación. Me suena esta forma de hacer, y con esto de la pandemia, todavía más.

Hasta ahí, pues normal, cosas de la vida. Aprendimos, cada uno de la docena larga de traductores, muchas cosas sobre operaciones e historia de la oftalmología, términos antiguos que nos sonaban a latinajos, que nos obligaban a rebuscar en diccionarios y encontramos términos intraducibles así como una forma de escribir muy diferente de la nuestra actual, con frases kilométricas, sin comas, con algún punto y coma salteado, resultando en párrafos imposibles.

Cada uno de nosotros hizo su trabajo con mejor o menor suerte, pero todos con la buena voluntad que nos caracteriza y al final el trabajo resultado quedo aparcado en un cajón virtual.

Llegó la primera ola de la pandemia y la disponibilidad de la que hablábamos anteriormente.

Y en s’Illa del Rei, si preguntas…date por muerto.

Cometí el “error” de preguntar y como podía suponer, me tocó el premio ¡ Tan inteligente que parecía el muchacho…!

Bueno, estaba confinado, tenia tiempo y a ello me lancé.

12 traductores, 12 métodos, 12 criterios, 12 tipos de letra, 12 tamaños, 12, 12, 12 de todo. ¡La locura total!

Pero como todo en la vida, hay que ponerse a ello y poco a poco, las cosas se hacen. Gracias a la colaboración de algunos voluntarios, en especial la de José María Vizcaíno, logramos armonizar los tipos y formatos, pegar, limpiar los textos y darle algo de sentido a 23 capítulos que se resistían como leones a ser ensamblados y formateados.

Incluso me sirvió para aprender detalles de Word que no había nunca imaginado podrían estar por ahí, escondidos entre las pestañas…

La lectura final es realmente interesante, por decirlo de alguna manera, ya que los comentarios del Chevalier John Taylor sobre su trabajo y el de los que le precedieron, son jugosos, a veces políticamente incorrectos, cosa que no parecía preocupar al Chevalier.

Si bien, como decía, la lectura puede parecer en ciertos capítulos interesante y incluso apasionante por los “innovadores” métodos, algo sangrientos y ciertamente invasivos como se dice ahora, el bloque es verdaderamente difícil de digerir para un lego en la materia.

El debate actual es como presentar este trabajo, como hacerlo atractivo para un lector no profesional, que esté simplemente interesado en la historia y en la evolución técnica de esta especialidad de la medicina.

¡Menos mal que no existía Tweeter en aquellos tiempos…a lo mejor le habrían cortado el hilo o anulado su cuenta, como a uno muy famoso que todos conocemos!

En ello estamos…

Alfredo Fenollosa Domènech

Ingeniero Agrónomo

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Un regal a propagar

enero 8th, 2021

L’atzar me va portar un dia a visitar l’illa del Rei amb un grup de metges de Menorca. L’entusiasme que se respirava me va animar a participar sense dilació com voluntari i des de l’any 2016, practicament sense interrupcions, he assistit cada diumenge en aquest acte d’alegre companyerisme amb l’objectiu comú de rescatar de l’oblit i l’espoli unes dependencies  hospitalàries d’una densitat històrica inusitada. 

Zaca

No coneixia en Lluís Martínez,  va venir a l’Ateneu fa un parell d’anys a donar una conferència sobre com defensar els drets de tercera generació des de la sindicatura de greuges. Una entusiasta i exhortadora ponència de com ens hem d’implicar per assegurar el benestar i la dignitat de les futures generacions. Engrescador.

El vaig invitar a l’illa del Rei el següent diumenge. Mentres ell feia la visita guiada jo vaig seguir brunyint una lampara de coure que tenia en marxa en el nostre departament de restauració guiat per un inestimable Josep Vilafranca. Vam degustar junts el fraternal àgape habitual seguit per les paraules encoratjadores del nostre guia “espiritual” Luis Alejandre.

Tot tornant cap el moll de l’hospital record clarament el seu comentari de satisfacció: “Quin regal, quin regal ha sigut aquesta visita”. Me va sorprendre gratament que emprès aquesta paraula, regal, per mostrar la seva complaença, la seva satisfacció per la visita feta. Realment és un obsequi, un regal, fer una visita a l’illa del Rei?

Hem estat indagant plegats en què consistiria aquest regal. No cal dir que la visita a l’illa del Rei és un regal pels sentits, un illot preciós enmig del espectacular port de Maó, un gran edifici de bellesa simètrica, coronat per una torre altiva, i envoltat de jardins medicinals. Durant tot l’itinerari no deixes de contemplar obres d’art, escultures, maquetes, mobles, pintures, etc, tot un regal  per la vista. Sense oblidar el regal pel gust aportat per la quadrilla liderada per na Marga, la cuinera.

També és un regal per la curiositat, la història d’aquest illot és inversemblant i molt entretinguda, és un relat que recorre tres centuries, amb una gran varietat de protagonistes vinguts d’arreu del món, tota mena d’esdeveniments des de l’epopeia fins el drama han viscut aquestes dependències, un relat ple de color, d’entrellat i d’amorios.

Però sobretot és un regal per l’esperit, aquesta gratificant i alegra sensació que se genera en aquest ambient de companyerisme treballant tots junts per un objectiu comú, és segurament el regal més preuat; en aquest ambient cordial s’estimula el millor de totes nosaltres, sorgeix del nostre interior el neguit de mostrar i plasmar les nostres millors habilitats i qualitats, que, insisteix, d’una manera voluntaria, atorguem a la causa comú. Aquí s’estableixen aliances i amistats que ajuden a superar vicissituds i dificultats en un clima d’optimisme. 

I és aquest  sense dubte el gran regal que ens emportem totes al finalitzar aquesta visita dominical, siguin visitants o voluntaris. Un missatge d’esperança de què totes plegades podem arranjar el planeta per les futures generacions. Un missatge digne de ser propagat. Què corri, per favor.

          Abans d’acomiadar-nos, en Lluís, llavors president del Fòrum de síndics locals de Catalunya me va confessar: “Mai no m’hauria imaginat una activitat més profitosa a la què dedicar un diumenge al matí”. I me va donar records pels nostres dos síndics locals també voluntaris, na Maria Gràcia Seguí i en José Barber.

Anton Soler

metge retirat voluntari de l’illa del Rei