Una descuerta sorprenent

Illa del rei
01/05/26
Des de fa gairebé vint anys els farmacèutics col·laboram en la rehabilitació de l’hospital de l’illa del Rei especialment en tots els espais dedicats a la farmàcia: museu, laboratori d’anàlisis clíniques, ‘Botica 1808’ i jardí etnobotànic i de plantes medicinals.
Tot això ha estat possible gràcies a les donacions rebudes per part de molts farmacèutics, els seus familiars i també diferents persones que conservaven material relacionat amb la farmàcia i ens l’han volgut fer arribar. A tots els estem molt agraïts.
Ja fa un temps ens va arribar una important quantitat d’objectes procedent de la farmàcia Martí de Ciutadella: un microscopi, balances, material divers de laboratori i molts llibres, tot de gran valor. Com sempre que ens arriba una donació, intentam fer-ne un inventari de cadascun dels objectes de manera que ens permeti en tot moment conèixer el seu valor, la procedència, època i altres detalls interessants que els acompanyen.
En aquests cas, a part del material habitual que es pot trobar en una farmàcia o un laboratori hi vam descobrir una espècie de tampons metàl·lics sobre una base de fusta. Els miràvem i remiràvem i no hi havia manera de saber de què es tractava: dibuixos de paràsits, làmines d’anatomia humana, de patologia … fins i tot un d’ells semblava la planta d’una casa. Però, que podien fer aquests objectes entre el material procedent d’una farmàcia?
Vam consultar amb en Carlos, el voluntari que s’encarrega de l’antiga impremta que es conserva a l’hospital i ens va dir que es tractava de clixés d’impremta però que no sabia què representaven.
Finalment, un voluntari de l’illa que és metge va raonar: «vols dir que no es tracta d’alguna cosa relacionada amb l’arqueologia?» Doncs sí, semblava una pista plausible (les inicials JMP 1953 ens van fer pensar en Josep Mascaró i Pasarius), per això el pas següent fou anar a consultar al Museu de Menorca. Allí, una conservadora va acceptar els clixés amb el compromís d’investigar el seu significat i donar-nos-el a conèixer.
Després d’un cert temps ens ha arribat la resposta. Efectivament, es tracta d’uns clixés d’impremta referents a les sales hipòstiles d’època talaiòtica de Talatí de dalt i de la Torre d’en Galmés amb indicació de les columnes i les lloses planes de pedra que conformen la coberta. La primera apareix en unes publicacions de Josep Mascaró Pasarius i de M Lluïsa Serra Belabre. L’altre clixé es correspon amb la reproducció d’una planta d’una casa romana de Iamo, l’actual Ciutadella, que va ser utilitzat per il·lustrar el llibre de Mascaró Pasarius ‘Los caminos militares romanos de Menorca’ de 1956.
Ara ja no ens queda més que lligar la farmàcia amb l’arqueologia i això ho farem a través de la figura de Gabriel Martí Bella, el farmacèutic català que fundà la nissaga de farmacèutics Martí: el seu fill Francesc i la seva neta Caterina, actual titular de la farmàcia de Ciutadella.
Gabriel Martí Bella (1884-1970) arribà a Menorca l’any 1908 per regentar la farmàcia des Mercadal, poc després obrí la primera farmàcia des Migjorn, més tard es traslladà a Sant Lluís, Ciutadella, es Castell, fins que retornà a Ciutadella, on obrí la farmàcia Martí del carrer Santíssim. Es casà amb una filla de Francesc d’Albranca, fet que va influir en la seva afició per la història i l’arqueologia, a la que es va dedicar tota la seva vida amb diverses investigacions, excavacions i publicacions. Actualment la Societat Històrico Arqueològica Martí Bella del Cercle Artístic de Ciutadella porta el seu nom en record seu.
M Gràcia Seguí Puntas
Voluntària
- Podeu trobar més informació sobre aquestes peces tan interessants a les xarxes socials del Museu de Menorca (#unboxing Videos), al personal del qual volem manifestar el nostre agraïment.
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2004 Año cero. Otras arquitecturas en la Isla del Rey
Illa del reiMenorca
15/05/2026
Si en un artículo anterior hacíamos memoria sobre el origen y desarrollo de los trabajos de rehabilitación del conjunto arquitectónico del Hospital de la Isla del Rey, este relato quedaría incompleto sin hacer un recorrido por otros proyectos para los que la isla y sus edificios históricos han servido de inspiración.
A pesar del abandono sufrido tras el cierre definitivo de la actividad sanitaria en 1964, la isla ha actuado como un auténtico revulsivo para la aparición de numerosos proyectos que, como concursos de ideas, ejercicios académicos o iniciativas empresariales, han visto en ella potencial para nuevos usos e, incluso, nuevas implantaciones.
Que existan registros, ya desde el año 1985, en que la Dirección General de Arquitectura del MOPU y el Ayuntamiento ce Mahón convocaron un «Concurso de ideas para la reutilización física y gestión económica de la Isla del Rey», del que no hemos podido encontrar constancia gráfica, han ido apareciendo diversidad de iniciativas encaminadas a la reutilización del patrimonio existente e, incluso, a complementar éste con nuevas construcciones.
El ambicioso plan de 1988, presentado por Tara Management Int. Coop y redactado por los arquitectos Tomás Domínguez, Juan Martín y José Martín, contemplaba la construcción de un centro internacional de congresos y convenciones. Éste se complementaba con un área residencial hotelera que ofrecería tratamientos basados en talasoterapia y helioterapia, además de servicios geriátricos, piscinas climatizadas de agua dulce a cota de mar y baños de algas. La propuesta incluía también un centro de formación hostelera y de restauración, así como un mini casino. Además de intervenir en el edificio del Hospital, dotándolo de nuevos usos, se ponían en valor los restos paleocristianos existentes.
Este proyecto, así mismo actuaba sobre los bordes de la isla mediante la creación de equipamientos de ocio como restaurantes, bares y pequeños centros comerciales.
Destacaba especialmente la creación de dos recorridos que se adentraban en el mar desde la plaza central del Hospital: uno hacia el norte y otro hacia el este, ambos rematados por pabellones en forma de palafitos. El primero se vinculaba a un conjunto de embarcaderos, mientras que el segundo implicaba la desaparición del actual edificio Lángara. El proyecto aspiraba a dotar de autosuficiencia económica al complejo mediante la implantación de un canon de acceso a la isla, complementado con los ingresos derivados de los centros de ocio y las visitas a los restos arqueológicos.
Años más tarde, en la década de 1990, el estudio menorquín de arquitectura «Jordi & Reynés» presentó su «Propuesta de reutilización de la Isla del Rey». En ella se planteaba la creación de un complejo residencial y turístico, transformando el Hospital en un edificio de apartamentos y demoliendo el Edificio Lángara -actual sede de Hauser & Wirth- para sustituirlo por un hotel de nueva planta. El anteproyecto contemplaba además la construcción de un gran pantalán en la costa noroeste para el amarre de embarcaciones deportivas.
También en los años noventa, la isla y su arquitectura sirvieron de base para un ejercicio escolar de levantamiento gráfico dirigido por Rafael Guerri, profesor del instituto Pascual Calbó, en el que se exploraban las posibilidades de los entonces novedosos sistemas de representación digital.
Dentro del ámbito académico, el Proyecto Fin de Carrera de Elisabeth Fiol Bernat, presentado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) en el curso 2002-2003, proponía la creación de la «Universidad Internacional de Menorca Illa del Rei» (UIMIR). Para ello, planteaba la rehabilitación del conjunto del Hospital y la incorporación de un edificio de nueva planta en el patio central. El proyecto se fundamentaba en tres criterios principales: minimizar las alteraciones volumétricas en la edificación existente, aumentar la superficie construida mediante espacios diáfanos adecuados para la actividad docente y optimizar el acceso a la isla mediante la creación de un nuevo muelle y una rampa que permitiera alcanzar en condiciones accesibles las cotas superiores del recinto universitario.
Este recorrido por las «otras arquitecturas de la Isla» concluye con el Proyecto Fin de Carrera de Miguel Timoner Salvá, presentado así mismo en la ETSAB en 2008. Su propuesta planteaba la recuperación de la isla mediante la ampliación del embarcadero existente en la costa sur y la transformación del Hospital en un centro cultural multifuncional con aulas, biblioteca, talleres y laboratorios. A diferencia del proyecto de Elisabeth Fiol, que respetaba y se apoyaba en la geometría contenida del Hospital, la propuesta de Timoner, aunque también recuperaba el edificio original del siglo XVIII, prescindía del resto de construcciones auxiliares. En su lugar, planteaba una serie de nuevos volúmenes de geometría más libre, entre los que destacaban un centro de convenciones y una galería de exposiciones.
Se tiene constancia de otras iniciativas desarrolladas a lo largo del siglo XX que también fijaron su atención en la Isla del Rey, como el concurso convocado para convertir el Hospital en un Parador Nacional. Por el momento, el archivo de la Fundación únicamente conserva documentación gráfica de los proyectos aquí descritos, si bien la labor de investigación y recopilación continúa abierta. Quizá lo más revelador de todas estas propuestas no sea, tanto aquello que proyectaban, sino el hecho mismo de que, generación tras generación, arquitectos, estudiantes e instituciones hayan sentido la necesidad de pensar la Isla una y otra vez.
Hoy, cuando la recuperación del Hospital es ya una realidad consolidada gracias al esfuerzo colectivo de voluntarios, entidades e instituciones, estas «otras arquitecturas» adquieren un valor añadido. Nos recuerdan que conservar no significa congelar, sino mantener viva la capacidad de imaginar nuevos usos desde el respeto a la memoria del lugar. La Isla del Rey continúa siendo, todavía ahora, un territorio donde dialogan pasado y futuro; un espacio que demuestra que la arquitectura no solo construye edificios, sino también relatos.
Javier Bardón Artacho
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… Y un altar romano

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Illa del rei
31/05/2026
Véase en el título una coletilla a las explicaciones que, a bordo del catamarán de las 9 de la mañana de los domingos de verano, se dan a los visitantes que en ese viaje se dirigen a la Isla del Rey. En efecto, al presentarles el puerto de Mahón, se hace referencia a sus características geológicas básicas (sus dos orillas radicalmente distintas: playas y terreno pizarroso al norte, acantilados calcáreos y fuentes de agua dulce al sur, básicamente), y la importancia fundamental que esta disponibilidad de agua dulce en la orilla sur tenía para la aguada de las embarcaciones a lo largo de la historia.
La toponimia soporta también esta realidad, Es Pouet (el pozuelo), Cala’s Fonts (la cala de las fuentes), Ses Fontanilles (las fuentecillas), Sa Costa de ses Piques (la cuesta de los lavaderos), hasta Es Gorg (charca o surgiente) en la Colársega recogen esta realidad, con la excepción curiosa de Cala Figuera, donde sin duda existió la mayor disponibilidad de atraque de las naves para la operación de carga del agua que en su interior surgía.
Fue en Cala Figuera donde se llevó a cabo probablemente la primera gran alteración de un espacio natural en esa orilla sur al rellenarse parcialmente para permitir la construcción de la Fabril Mahonesa. Se trataba de una industria que manufacturaba y teñía productos textiles, y que fue la gran consumidora del agua que, en el fondo de la cala, surge procedente del cauce natural que se origina en las cercanías de Trepucó y circula sumergida a lo largo del Camí Verd actual.
Desaparecida la fábrica, ese espacio fue ocupado hasta años recientes por las instalaciones de la CAMPSA y luego de CLH, hasta que con su desmontaje quedó libre de edificaciones y equipamiento. Ello ha hecho accesible el fondo original de la Cala, donde se mantienen canalizaciones de agua, concavidades de diversas dimensiones, habitadas aun por algún pato.
Lo podemos afirmar porque, acompañados por el delegado de la Autoridad Portuaria de Baleares en Menorca, un grupo de voluntarios, voluntarias, amigas y amigos de la Fundación de la Isla de Rey tuvimos la oportunidad de visitar con detalle este increíble testimonio de la actividad de nuestro puerto en tiempos pasados, que para la gran mayoría de los presentes fue un acontecimiento inesperado y sorprendente, sobre todo al descubrir…
… el altar romano al que hemos aludido en el título, un ninfeo (es decir, dedicado a las ninfas que se tenían como protectoras de las fuentes de agua), perfectamente visible y en relativo buen estado de conservación. Sorprendente por sí mismo y además por el hecho de ser escasísimos los restos de la presencia romana en nuestra isla que son visibles en el espacio público. Sorprendente por haber resistido el paso de los siglos después del fin de la presencia romana a finales del siglo V aproximadamente.
Por esta razón este artículo es también la expresión del convencimiento de que este espacio merece un tratamiento que lo dignifique. En primer lugar, su limpieza y reacondicionamiento, y luego la ordenación general del espacio mirando de permitir la accesibilidad en un marco acogedor que por supuesto merece después de tantos siglos de abandono y olvido.
Oscar Sbert Lozano







