La sala 4 de la Isla del Rey, con construcción
Illa del rei
29/09/2026
Me lo comentó José B.A. (los lectores de Es Diari, ya interpretan quien es), y le contesté que tenía varios escritos que creo pueden ser de interés. Pero ese calor húmedo, y la activación de la sala 4, me «iluminan» para «aprofitar la avinentesa» y relacionar pasado con presente.
Me explico: en la sala 4· de la planta baja de nuestro antiguo Hospital Militar, en la isla del Rey, su mitad sur está ya «vestida» con todo lo que está montando. nuestro doctor don César Alías Tudurí. Y la Sociedad Española de Alergología y sus Jornadas Alergológicas allí organizadas Pero la otra mitad de la sala quiere recordar lo que fue un Hospital Militar español. No cabrá, porque en España tuvimos Hospitales Militares fijos ya desde el incendio del campamento asediando Granada en 1491, lo que dio pie a levantar el poblado, de Santa Fe, con construcciones fijas que aun hoy son las de esa ciudad. Y antes hubo uno de campaña, en la batalla de Toro en 1471, Y desde entonces tuvieron los Ejércitos sus propios cuadros de personal e instalaciones hospitalarias, y muy pronto también los hubo también, en plural en la España de Ultramar, incluyendo las Reales Farmacias (Puerto Rico 1512, México 1520). También los hubo mixtos militar y civil, como el Hospital del Buen Suceso (Carlos V-1534)
Repasar la historia de la práctica médica en guerras, conflictos y colectivos militares es repasar la Historia de la Medicina. Y ahí es donde me meto: encontrarán, si se vienen, que la asistencia temprana a heridas por armas, proyectiles, fragmentos o lo que fuere, donde primero se hizo como «protocolo» (diríamos hoy) fue en la Real Armada, (Orden de Fernando VI creando la Real Escuela de Cirujanos de la Armada (Cádiz 1748), precedido por el Anfiteatro Anatómica de Juan Lacomba para enseñanza de Practicantes de la Armada en 1728 ya que los heridas eran bajados adonde el cirujano de a bordo y sus ayudante procedían a extraer o amputar de modo inmediato, según conveniencia , salvando de muerte segura al herido. De ahí que conozcamos a Blas de Lezo (con brazo, pierna y ojo de menos, por diferentes acciones, pudiendo continuar su brillante carrera militar) o el mismo Nelsón que ya había perdido un brazo intentando asaltar, sin éxito, Sta. Cruz de Tenerife, años antes de lo de Trafalgar.
O años después el famoso Larrey, que evacuaba a los heridos con sus ayudantes y carromatos desde el mismo tiempo y campo de batalla, lo que motivó que el propio Wellington, en Waterloo, viendo con su anteojo, esa presencia y evacuación en la misma línea de fuego, ordenara desviar y elevar el tiro de su artillería para no interferir en esa evacuación de heridos. Y enseñaba Larrey a sus ayudantes, que si había que amputar, debía ser siempre antes de las cinco horas, para de preservar la vida del herido. Lo de la evacuación precoz, y el plazo de horas para tratar las heridas (que hoy se enseña como plazo y técnica de Friedreich), y que en esa parte de la Sanidad Militar (ahora cambiada a Cuerpo Militar de Sanidad)se conocen como la hora de oro y los cinco/ diez minutos que salvan la vida.
Eso es también válido en todos los ámbitos actuales, y pensé en las salas de espera de nuestras Urgencias médicas todo tipo . O sea que eso de la asistencia temprana es historia actual aprendida en la historia de los conflictos, pero válido para todo y no solo durante la visita a la isla del Rey.
De ahí lo de que cada lector que ponga su título.
Miquel Timoner Vidal
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Funciones de un hospital militar
Illa del rei
29/09/2026
Además de las obvias para diagnóstico y tratamiento de enfermos y heridos, tiene otras más singulares:
Funciones de Prevención higiénico sanitaria sobre colectivos y alojamientos. Y Aislamientos en situaciones infectocontagiosas y en riesgos NBQ ( nuclear, biológicos, químicos) para lo que cuentan con equipos específicos y con entrenamiento y simulación constante
Funciones de EQUIPAMIENTO en concordancia con el Cuerpo de Sanidad: custodia, dotación y suministro de equipos de campaña, materiales de asistencias y dotaciones de personal en apoyo de los miembros del Cuerpo de Sanidad adscritos a las Unidades orgánicas de los Ejércitos. Contamos con dos ejemplos de Cestón., de hace cien años. Cajas con armazón de mimbre lo que les confiere maleabilidad y elasticidad, sin añadir peso, para no dañarse en su manejo, o caídas en un contexto de campaña.
Son «repuestos de batallón, nº 2», pero también botiquines de de Compañía y de unidades más pequeñas.
Nota: hoy en día, cada elemento humano debe llevar consigo sus propios materiales de primero auxilias, para contener hemorragia, poner un torniquete, o introducir un tubo para poder ventilar por vías aéreas superiores, con la particularidad de que el compañero que le atienda ha de echar mano del equipo individual del herido, guardando para sí, el equipo propio individual por si por tuviera que ser auxiliado a su vez. Ese es un cambio en las normas de y utilización, muy moderno y distinto para quienes tenemos más edad.
Funciones de Formación: a todo nivel.
Tribunal Médico Militar, para evaluación de discapacidades y exenciones entre muchas otras: Solían tener las sesiones los días 5, 15 y 25 de cada mes.
La Atención Médica y Hospitalaria se presta también a personal civil y a la población en general en las contiendas, emergencias y catástrofes, y a los heridas y enfermos del bando enemigo que lo precisen.
Hasta 2001.-El Oficial de Visita Hospital: servicio asignado
diariamente a un Oficial de cada Regimiento o entre los de Plaza, que visita a todos los individuos hospitalizados de sus unidades, y atiende a las necesidades que pueda requerir. Su designación aparecía diariamente en la Orden del Día, sea de Plaza o del Regimiento.
Este Oficial de Visita Hospital, deposita su arma individual en la portería del centro, mientras dura su visita. Es un detalle, obligatorio, que a los civiles les asombra.
Además el Suboficial de Visita Hospital acompañado de un
cabo, acude diariamente trayendo a los hospitalizados las cartas, ropa, utensilios, paquetes llegados a su nombre y para las gestiones que el ingresado no pueda evacuar por sí mismo.
Saliendo ya de los Hospitales en concreto:
El Cuerpo de Sanidad Militar, ahora CUERPO MILITAR DE SANIDAD, realiza y supervisa las funciones de triaje, y las preventivas en los reconocimientos y las vacunaciones reglamentarias, esenciales cuando el Servicio Militar Obligatorio concentraba de miles de mozos en cada llamamiento, momento de riesgo de posibles contagios desde portadores sanos, a mozos que nunca habían recibido contactos con ciertos microbios patógenos, conociendo bien los riesgos de esos nuevos contactos múltiples. No era raro en cada llamamiento, algún caso de meningitis, con su consecuencia de repartir una dosis de sulfamidas preventivas a los mil o dos mil reclutas que acababan de llegar al cuartel campamento o C.I.R para empezar la más elemental instrucción empezando por aprender desde el uniforme, a las botas y a las «polainas con hebillas» en su tiempo (yo las llevé, y doy fe de que son muy prácticas. Y confieso que en Canarias, descubrí que el betún Kiwi, era mucho más rápido, y eficaz que el más «nacional» marca Tractor: cosas de entonces. Algún lector se acordará.
Viene lo anterior a cuento de la noticia de esta semana anterior, de unos casos de malaria que han afectado a gentes
de un aeropuerto germánico, contagiados por un o varios mosquitos infecciosos colados en un avión procedente de países endémicos y que según la noticia ya había causado dos defunciones además de tener a otros enfermos. Esto de la malaria, o paludismo (tercianas, cuartanas, según el ciclo de la especie del parásito causal,) fue desde siempre el enemigo invisible que en forma de «Fiebres» sin apellido, condicionó el triunfo o fracaso de expediciones e invasiones, con sus numerosas bajas de personal.
CAMPAÑAS Y OPERACIONES.- Los miembros Jefes y Oficiales del actual Cuerpo Militar de Sanidad planifican y prepara antes de campañas y operaciones, los requisitos de alimentación adecuada y los equipos de vestimenta y protección climática de las tropas, así como los equipos individuales de primera asistencia, y los de sanitarios, puestos avanzados, rutas de evacuación puestos de triaje y transporte a los centros de atención y de hospitalización.
A lo largo de la Historia la organización de escalones de asistencia con sus rutas han evolucionado desde el abandono medieval de heridos en campo de batalla a su transporte rápido por vía aérea a centros de tratamiento definitivo de muy alto nivel para salvamiento de vidas y miembros, y los tratamientos de reparaciones vasculares directas en hospitales de campaña, frente a las entonces usuales amputaciones del siglo XVIII.
Todo lo anterior intentamos hacerlo evidente a través de paneles informativos en la citada sala, estimulando la curiosidad por saber más de algo que ha condicionado incluso lo que ahora nos parecen normas elementales de Higiene Preventiva: hasta podrán aprender quien ganó en la contienda franco-prusiana de 1870, y que bando había vacunado contra viruela a su personal y que bando lo había descuidado y deducirán por el número de afectados, su influencia en el resultado final: son números que fueron publicados.
Miguel Timoner Vidal
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120 nombres para una historia compartida


Illa del rei
29/09/2026
Durante buena parte del siglo XIX, Mahón fue un lugar familiar para la Marina de los EE. UU. Sus barcos pasaban aquí los meses de invierno, se abastecían, reparaban herrajes, velamen… La Marina contó también con un hospital propio y una escuela naval flotante. Aquella presencia dejó también muertos.
Conocíamos algunos de sus nombres. Otros habían quedado en el olvido. Y no todos fueron enterrados en el Cementerio Angloamericano: algunos recibieron sepultura en San Felipe, Es Castell e incluso en el cementerio de Mahón. Por eso las nuevas placas no pretenden señalar dónde fueron enterrados, sino reunir los nombres de quienes sabemos que murieron en Mahón y devolverles un lugar en su historia.
2026 ofrecía una ocasión especialmente adecuada: el 250 aniversario de la Independencia de los EE. UU. coincidía con la conmemoración del bicentenario del Cementerio Angloamericano. Pero antes de grabar nombres sobre una placa había que saber cuáles.
La investigación comenzó casi por casualidad. En 2023, después de treinta años viviendo fuera de Menorca, regresé a la isla y empecé a trabajar en la biblioteca de la Fundació Rubió. Allí encontré el trabajo de José Luis Terrón Ponce sobre aquel cementerio. Al hojearlo recordé los viajes en barco con mi hijo, todavía niño, y las pequeñas historias que le contaba mientras entrábamos en el puerto para acercarlo a su tierra: San Felipe, la Mola, el cementerio inglés, Golden Farm…
La añoranza pronto dejó paso a una pregunta: si la presencia naval estadounidense en Mahón había sido tan intensa, ¿podían ser 20 todos los fallecidos?
La curiosidad me llevó también a quienes se habían ocupado antes de aquel cementerio. James Maps y George Ferrara habían abierto un camino que ahora yo podía continuar.
Mi experiencia en búsquedas genealógicas en EE. UU. me ayudó a moverme por sus archivos. Aparecieron libros de bajas, listas de tripulación, correspondencia, periódicos antiguos… En marzo de 2024 ya tenía unos 800 nombres.
Luis Alejandre y yo aún no nos conocíamos, pero decidí escribirle. Pensé que aquella historia podía interesarle; también que podía tomarme por loca. Si lo hizo, tuvo la delicadeza de no decírmelo. Al contrario, me animó a continuar. Y continué.
Aquellos 800 hombres no habían muerto necesariamente en Menorca. Algunos fallecieron en alta mar y otros en diferentes puertos mediterráneos. Comenzó entonces la criba: contrastar nombres, buques y fechas hasta encontrar a quienes las fuentes situaban fallecidos en «Port Mahon».
Así llegué, provisionalmente, a 120 personas.
Pero para entonces los nombres habían dejado de ser únicamente nombres.
John B. Timberlake, sobrecargo de la USS Constitution, murió el 2 de abril de 1828 a bordo de la fragata, fondeada en Mahón. Fue enterrado al día siguiente en el Cementerio Angloamericano. Nueve meses después, su viuda, Peggy O’Neale, se casó con el senador John Henry Eaton. Aquel matrimonio acabaría desencadenando el Petticoat Affair, la crisis que sacudió el gabinete de Andrew Jackson, 7º presidente de EE. UU. Horatio Gratz Myers, guardiamarina, nació el 13 de agosto de 1808 en Georgetown, Carolina del Sur. Quedó huérfano de madre a los once días de nacer y fue criado por su abuelo, Solomon Etting, figura destacada en la lucha por los derechos políticos de los judíos de Maryland. Horatio eligió la Marina. Murió de cólera en Mahón en 1834 y fue enterrado en «Georgetown», Menorca. Otras vidas fueron más anónimas. Robert Alberger, marinero de 27 años de la USS Delaware, sufrió una caída a bordo que le provocó una lesión medular. Sobrevivió 38 días y murió en Mahón en noviembre de 1843. Antes de morir hizo testamento. Dejó cuanto poseía a su hermana Rebecca. En él quedaron su firma y la del doctor Horner. Eso es, en definitiva, lo que representan las placas. No son una relación cerrada de quienes reposan en el cementerio. Son el resultado provisional de una investigación que intenta devolver la identidad de quienes murieron en Mahón y reunir, dos siglos después, una parte de una historia compartida.
Todo empezó preguntándome cuántos fueron. La pregunta verdaderamente interesante resultó ser quiénes fueron.
Todavía quedan nombres, vidas y, seguramente, más aventuras.
Marga Llull Pons





