Y una hermosa electricidad

Presidente de la Fundación
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Illa del rei
09/07/2026
Como cantamos en el oficioso himno de Mahón.
El Hospital Militar de la Isla del Rey, disponía desde los primeros años del siglo XX, de electricidad que le llegaba a
través de un cable submarino de cobre cubierto de amianto, desde el vecino muelle de Fontanillas. Pero en 1964 el Hospital se cerró. Y ante la desidia de muchos, aparecieron los vándalos y desvalijadores de siempre. Nosotros solo encontramos flecos de amianto. Siempre nos quedó la duda -nos la queda aún- sobre si el grueso de pesado cable yace en el fondo del mar; debieron cortar hasta donde pudieron, pero dudamos que lo extrajesen todo, debido a su peso.
Comenzamos en 2004, despreocupados respecto a electricidad.
Lo importante era acabar con las ratas, la vegetación invasora, los arcos de medio punto que se desmoronaban por efecto dominó, reponer las vigas que habían robado, limpiar las cisternas a las que habían tirado todo tipo de restos y animales.
Pero ya en 2006 surgió el tema de contar con energía para trabajos y una incipiente iluminación para romper aquella negra imagen que proyectaba la Isla sobre el mar. Y la entonces Junta de Obras del Puerto nos cedió un viejo grupo electrógeno. Desembarcarlo ya fue un número; alimentarlo con gasoil de varias procedencias, otro. Había que transportarlo en garrafas y con la tecnología punta del tubo aspirado por boca, rellenar los depósitos del grupo. Toni Barber, Xiscu Moragues y Rafael Saura nuestro guarda, entre otros, aun se acuerdan del dulzón sabor del gasoil. Pues bien: solo con este medio, conseguimos una primera iluminación nocturna del perfil del Hospital y hasta organizar los dos primeros Foros Menorca. Hasta que un día, llegó en helicóptero el Rey Juan Carlos I.
No traía un nuevo cable, pero si las coordenadas de la Fundación Endesa que presidía Rodolfo Martin Villa, y de Red Eléctrica Española. Apoyados en Palma por las buenas gestiones de Miguel Timoner con el delegado de REE, Ramón Granadino, se consiguió un buen cable submarino reforzado además con doce pares de fibra óptica. Miguel recuerda cómo y cuando llegó la autorización administrativa: la misma mañana del día en que esperábamos a la Reina Sofía que venía para presidir el anual Foro, que planteaba el tema de la Menorca Talayótica. Por supuesto más trámites: dos transformadores donados por CLH que dejaba sus instalaciones de Cala Figuera; una acera de Es Castell bajo cuyo cobijo instalamos uno de ellos; luego, todo un día (Pedro´s Boat, Toni Barber) dedicado a lanzar el cable al mar desde Fontanillas y conectarlo ya en la Isla, al otro transformador. ¿Les contamos más?
Esta buena acometida sirvió a Hauser & Wirth a partir de 2016 cuando inició su ambicioso – y bien dotado económicamente- proyecto en el edificio Lángara.
Dotación económica de la que no disponían los voluntarios de la Fundación, obligados a improvisar sobre la marcha alargaderas y conexiones inicialmente más que provisionales.
No obstante, tras la llegada de voluntarios profesionales (Daniel Perrier, Pedro, Didier….) mejoraron estas, sustancialmente. Nada evitaba, de todas formas, que casi cada domingo, saltasen los automáticos, normalmente por sobrecarga o por humedades de las conexiones. Era «el modo cubano de nuestra electricidad» Por esto cuando hoy, con el indiscutible apoyo de nuestro Ayuntamiento gestionando fondos europeos, se ha consolidado una instalación eléctrica segura y moderna, debemos un homenaje de recuerdo a quienes con pocos medios durante casi dos décadas han permitido que el Hospital en su nueva
etapa de vida, funcionase. No necesito recordar nombres: ellos bien saben lo que es imaginar, recomponer, correr para volver a conectar….
Dentro de unos años, nadie se creerá, que por falta de dinero funcionamos dos décadas con apaños y alargaderas. Propongo ahora, que entre tanto automático de precisión, dejar alguna conexión en contacto con la humedad de las paredes, para que no nos olvidemos de los viejos y entrañables tiempos en que «lo provisional», como nos decía un sabio mecánico llamado Sayo, «era para siempre». Esta vez, no.
Luis Alejandre Sintes
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De las ruinas al museo: una nueva vida para la Traumatología en el Hospital Militar de la Isla del Rey
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Illa del rei
29/07/2026
Cada quince días, este espacio nos permite compartir con los lectores el latido de la Fundación Isla del Rey. Desde que un grupo de entusiastas decidió dar un paso al frente, la labor de los voluntarios ha sido el motor incansable que ha devuelto la dignidad a un complejo que parecía condenado al olvido. Tras su abandono definitivo en 1964, el antiguo Hospital Militar sufrió un deterioro terrible; el tiempo, el abandono y el expolio amenazaban con borrar más de dos siglos de historia sanitaria en el corazón del puerto de Mahón. Sin embargo, el esfuerzo colectivo ha demostrado que la memoria histórica de nuestra isla es capaz de resistir el peor de los temporales.
El primer gran desafío de esta aventura fue, como no podía ser de otra manera, la rehabilitación estructural del propio edificio. Hubo que desbrozar, consolidar techos, limpiar estancias devoradas por la vegetación y asegurar unos muros que custodiaban el pasado. Fue un trabajo duro, de pico y pala, pero absolutamente necesario para levantar los cimientos de lo que vendría después.
Una vez que las salas volvieron a ser seguras y habitables, nos enfrentamos al segundo gran reto: llenarlas de contenido. Cuando la Fundación comenzó su andadura, en el hospital no quedaba absolutamente nada del instrumental médico original. El desafío de convertir aquellas estancias desnudas en un auténtico museo de la medicina parecía una utopía. No obstante, la generosidad no tardó en llamar a la puerta. El material comenzó a llegar poco a poco, en un goteo constante procedente de donaciones de médicos menorquines jubilados, así como de sus familiares y descendientes, conscientes del valor de preservar ese legado. Con el tiempo, este fenómeno traspasó nuestras fronteras insulares: los visitantes de fuera de Menorca, conmovidos al ver el renacer del hospital, descubrieron en estas salas el destino idóneo para custodiar objetos médicos familiares heredados.
Toda esta vorágine de recepción de piezas dio paso a una fase crucial e invisible: recoger, clasificar, limpiar y ordenar con criterio científico todo lo que iba llegando. Esta encomiable y titánica labor de catalogación no hubiera sido posible sin el rigor, el trabajo constante y el profundo amor al patrimonio de Mercè Bagur, Rosa Cordero, José María Vizcaíno y el Dr. Miguel Timoner, quienes lograron estructurar una colección heterogénea y valiosísima.
Hoy, gracias a ese esfuerzo previo, nos encontramos a las puertas de una nueva e ilusionante fase. Con el edificio ya en óptimas condiciones y en posesión de un abundante y riquísimo material especializado en el ámbito de la traumatología —entre el que se encuentran piezas verdaderamente curiosas y de un alto valor histórico—, ha llegado el momento de dar el salto cualitativo: el desarrollo del proyecto museístico. Nuestro objetivo es que, al cruzar el umbral de la sala, el visitante se sumerja en un viaje sencillo, didáctico y ameno por la historia de la traumatología, comprendiendo la evolución de las técnicas que han aliviado el sufrimiento humano a lo largo de los siglos.
Para llevar a buen puerto este diseño expositivo, tenemos la inmensa fortuna de contar con la ayuda inestimable del Dr. Luis López-Durán Stern. Fiel visitante de nuestra isla, el Dr. López-Durán acaba de realizar una importantísima donación de material familiar perteneciente a tres generaciones de eminentes traumatólogos, una colección única que enriquecerá enormemente nuestros fondos. Además, nos asesorará directamente durante las próximas semanas para dotar a la sala de un discurso museográfico riguroso y atractivo.
Asumimos este nuevo reto con una enorme ilusión y con la certeza de que la sala de traumatología será pronto un referente. No queremos terminar sin expresar nuestro más profundo agradecimiento a todas las familias, profesionales y visitantes que, con sus donaciones y su tiempo, siguen haciendo posible el milagro de la Isla del Rey. Este hospital vuelve a la vida gracias a todos ustedes.
Ana Jato Díaz







